Esta es una despedida de mis compañeros traductores, especialmente los que siguen trabajando gratuitamente para la Marcha, como he hecho yo durante más de un año.
Como ya comunicaban hacía días Montserrat Ponsa e Isabelle Bourgeois con extraño apremio, sin esperar a que los interesados se despidieran, Lars, Petra y yo hemos salido de la Marcha. La decisión, en realidad una expulsión, ha sido unilateral y únicamente justificada por la necesidad de incorporar en el EB a personas del movimiento, eliminando a quienes no pertenecen a él y le caen peor a Rafael de la Rubia, a saber: un músico danés bohemio, una alemana rubia y una italiana que ha llevado muy mal los pésimos modales de algunos humanistas. Es decir, una decisión que no respeta el más mínimo principio ético.
Lars apareció en Dakar el día que el EB partía para NY. En el aeropuerto de El Ayún, camino de Canarias, se le llamó aparte, se le dieron 100 euros y se le dijo ‘no hay billete para ti, aquí te quedas’. En medio del desierto. A nosotros, en cambio, se nos dijo que había decidido quedarse en casa de unos amigos. Lars ha bajado hasta Dakar porque tenía un concierto importante para él, al que no ha llegado. Le ha costado varios días, a pie y en autostop, sin dinero. En Dakar tampoco querían hacerse cargo de él (ha pagado 3000 euros desde Copenhaguen: según las cuentas que me han rendido hoy mismo, desde Moscú a Dakar el gasto ha sido de 3157 euros). Durante dos días han pasado olímpicamente de él; al final creo que le han proporcionado un billete para Lisboa.
Petra ha intentado por todos los medios reincorporarse al equipo. Lo ha intentado con todos los ‘jefes’ (porque a lo largo del viaje ha habido dos grupos bien distintos, los que mandaban y los que habrían tenido que obedecer ciegamente, sin ningún sentido crítico). En lugar de decirle que no, que habría sido lo más honrado -siempre que se acepte el principio de la expulsión sin otro cargo, según Rafael de la Rubia, que el de ’salir demasiado en las fotos’-, le han estado dando largas hasta el último día. Cuando se dio cuenta de que el EB se iba y ella se quedaba, cayó en estado de shock. Empezó a buscar cruceros y vuelos para los lugares más peregrinos. Toda la mañana del 30 estuvimos Jacqueline (que regresaba a Brasil), Magdalena (que regresaba a Bolivia) y yo con ella, acompañándola a una agencia de viajes, pero no lograba decidirse, no sabía qué hacer y nosotras estábamos angustiadas ante la idea de tener que dejarla sola en Senegal en aquella situación de confusión total. Al final Jacqueline se la llevó al aeropuerto y logró convencerla de que se fuera a Río. Por lo menos viajamos las cuatro juntas hasta Madrid y eso acabó tranquilizándola.
En cuanto a mí, no olvido al falta de valentía -demostrada en más de una ocasión- de Rafael de la Rubia al pedirle a Luis Silva que nos comunicara la expulsión, ni el sadismo de este al mandarme traducir el email al resto de compañeros. Es como pedirle por favor al condenado a muerte que lea a los demás su condena, sin saber lo que está a punto de leer.
Aquí estoy, por fin, en casa, con mis seis hijos y mis ocho nietos, profundamente orgullosos de que haya realizado una misión de paz y no violencia, pese a la falta de paz y a la violencia. Ya he pedido hora en el médico. Tengo un derrame importante en una rodilla desde Sidney, lo cual no me ha impedido andar unos 500 km. a pie. Claro que habría sido de agradecer que, en lugar de mandarme subir siempre al piso más alto de los hoteles, el tercero o el cuarto sin ascensor, arrastrando dos maletas con una rodilla destrozada y sin ninguna asistencia médica – las únicas medicinas se las he proporcionado yo a los demás-, donde ha sido posible me hubiesen alojado en el piso más bajo, que era donde elegían acomodo Rafael de la Rubia y sus lugartenientes para no cargar maletas.
En fin, una experiencia muy interesante de la que he sacado una idea bastante clara sobre el movimiento humanista y el regalo inestimable de dos extraordinarias amigas.
Magdalena y Juanita, volveremos a vernos
